
Si me emborracho será porque veo algo de interesante en los transplantes hepáticos, y cuando soy mala, es porque sucede que, la bondad no tiene tantas facetas para trabajar desde la actuación.
Y cuando pongo esa cara de Lanatta y no digo nada, es porque no hay nada, ni teorías, ni novedades intelectuales, ni siquiera está limítrofe mi mente de una posible respuesta, pero sé que la cara me queda mejor que el silencio a secas.
Cuando intervengo en mi soledad, me pongo en contacto con la Susanita que mi hermana tiene adentro. Y qué finalidad tendría decirte que sé la dimensión de mis ganas, ¡son ganas!, todavía nadie las vio caminar por la calle, ni las midieron con un centímetro, tampoco hay antecedentes de su buen temperamento, menos de las ganas de las ganas.
Cuando no digo lo que tengo ganas de decir, además de por miedo, no lo digo por pereza de la labia, porque un pájaro me distrajo, porque si lo dijera ya no sería yo como tus ojos me ven, entonces vos no serías lo que quiero mirar, y ya ninguno de los dos estaríamos parados en el mismo momento.
Y cuando miro los relojes por tiempos prolongados, no estoy fascinada con el tiempo, ni tampoco es miedo a la muerte, los relojes son lindos y yo muy estúpida o inteligente como para poder amarlos simplemente por su belleza.
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