
Entonces un plástico Diciembre engendró cientos de traficantes retóricos, que susurrando al oído de los niñitos argentinos les cantaban una canción made in iu as hey, traducida al castellano.
Pobres niñitos que no entienden que si tengo un caramelo y me dan otro tengo dos, pero sí afirman que quieren caramelos, todos y cuantos se pueda tener. Niñitos entusiastas con sus tripas de papel de regalo, con sus palmas abiertas fotosintéticas, con sus papás de infinitos negocios, y amor reservado, en la competencia ventajista de la posesión del objeto.
Los niños de la navidad son más hijos de Coca Cola y del Polo Norte, y aunque sus conocimientos matemáticos no sean tan ostentosos, y de oportunidades no entiendan tanto, sí que saben como ser oportunistas, una vez al año, un 25 de diciembre si queremos ser exactos.
Viven en el mercado tierra, donde el planeta tierra y la mercadotecnia son venas adheridas por un pino sintético y un pesebre. Son los únicos actores sociales menores de edad que presencian como los niveles de armonía en lo económico hacen olvidar el carácter civil de las personas, convirtiéndoles en seres celestiales de lo material, los no ciudadanos del objeto.
Salen de sus labios palabras de manteca que aterrizan en el techo, sus bocas son baldíos y el discurso se les mete a jugar.
Ya no dejan pasto ni agua para los camellos de los reyes magos, no cantan Melchor, Gaspar, ni el negro va a saltar, pero depositan veinticuatro pares distintos de zapatillas Nike y velan en su sueño con encontrar veinticuatro vacíos distintos con la esperanza de llenarse un poco más. Ya están gordos estos niñitos, de hasta en algunos casos, veinte y tantos años de edad, de tanta mentira etiquetada de felicidad, que en bonitas cajitas empaña la realidad. Caminan entre los ruidos de un neoliberalismo que azota las calles de Buenos Aires, ¡hay gente cantando villancicos en Plaza de Mayo!. Van malheridos, silenciados, a una misa accionaria. Y los mira Jesús de Nazaret, y se pregunta qué festejarán, se le olvidó su cumpleaños y cuando lo quiso preguntar uno de los niñitos llamó a la policía metropolitana y pronto lo fueron a buscar.
